sáquenme de mi tumba!

una tarde, la señora blunden –“una mujer gorda a la que le encantaba el brandy”- se encontró indispuesta y pidió al farmacéutico que le preparara agua de amapola, láudano. no tuvo mejor ocurrencia que bebérsela toda y, a causa de ello, cayó en un profundo sueño.
sus criados avisaron al boticario. éste les dijo que había tomado lo suficiente como para no levantarse en 48 horas... si es que despertaba. su marido, el adinerado william blunden y miembro prominente del pueblo de basingstoke (inglaterra), quería retrasar el entierro hasta su regreso de londres, pero familiares y sirvientes, temiendo el mal olor que podía provocar un cuerpo tan enorme, le convencieron para enterrarla al día siguiente.
durante el entierro, uno de los portadores del féretro dijo medio en broma que había hecho el ataúd demasiado corto pues la notaba revolverse al no poder encontrar la postura. fue amonestado por su frivolidad.
dos días más tarde unos chicos estaban jugando en el cementerio junto a la iglesia del espíritu santo, cuando escucharon una voz apagada proveniente de algún lugar cercano a la tumba de blunden. al acercarse escucharon “sáquenme de mi tumba!”, junto con gruñidos y sombrías carcajadas. fueron corriendo a decírselo a su profesor, pero éste les reprendió por querer tomarle el pelo.
a la mañana siguiente los niños volvieron al cementerio y escucharon de nuevo esos gemidos fantasmales. aterrorizados, se lo contaron de nuevo al profesor, que esta vez se lo tomó en serio. cuando pidió al encargado que abriera la tumba, éste se negó, alegando que sólo podía hacerlo por indicación del párroco. fue a verlo y discutieron largo rato sobre el asunto. las horas pasaban y al final de la tarde decidieron exhumar el cadáver. al levantar la tapa encontraron que el cuerpo estaba amoratado y golpeado, como consecuencia de las lesiones que se auto inflingió en su lucha por la supervivencia. ya no presentaba signos de vida, pero el párroco, prudentemente, mandó vigilar la tumba toda la noche fría, húmeda y desapacible. los custodios pusieron la tapa al ataúd y se refugiaron en el interior de la iglesia. al levantarla por la mañana descubrieron un cuadro aún más horroroso: la mujer había revivido otra vez, desgarrado el velo que la cubría y se había arañado en multitud de partes de su cuerpo y golpeado la cara hasta quedar bañada en sangre.
esta vez sí, la mujer había muerto.
en el siglo XIX diferentes médicos ofrecían cifras espectaculares – y dispares- de enterrados vivos: 1 de cada 10 en suecia, 1 de cada 1000 en francia y 2700 falsas muertes al año en inglaterra y gales. para llegar a estas cifras se basaban esencialmente en las posturas poco naturales de los esqueletos, muecas de dolor en las expresiones faciales o brazos y piernas levantadas. sin embargo, estos cambios también son posibles durante la descomposición natural del cadáver.
uno de los hechos mejor documentados es el alumbramiento de un bebé con la madre muerta.
así, en 1901 una embarazada de apellido bobin moría de fiebre amarilla en pauillac, francia. la mujer fue debidamente enterrada, pero una enfermera pensó que todo había sido demasiado apresurado. convenció al padre para exhumar el cadáver y al abrir el ataúd se descubrió que el niño había nacido dentro, expelido postmortem.

féretro quitamiedos patentado por franz vester (1868)





2 Comments:
Este texto creí haberlo leído en la "muy interesante"...
sino es así, corrígeme.
Lo que más me gustó de todo, fueron las imágenes tan acompasadas que escogiste.
Lo del banner,al fin que?...
Jo! podrias darme una dirección de correo para mandarte los códigos, que por estas páginas como te dije en el flog se los come enteros.
... Y para más información, ver Enterramiento prematuro del conocido hasta la tipicidad señor Poe.
No me extrañaría que quien patentase esos ataudes con campanillas se hiciera rico.
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